sábado, 10 de septiembre de 2016

La bella durmiente

Allí estaba dormida en la sala, apenas tapada, comatosa. Pensé despertarla para desearle un feliz cumpleaño retrasado, y bastó que pensara en un beso para que se despertara.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Llegué a Mixquic...

Llegué a Mixquic sin más pretensiones que arrancarme de la casa. Cada pueblo que pasaba por la ventana del micro, sin realmente nunca hacer transición del paisaje urbano, me hacía pensar que había tomado un micro con destino el desastre. Pensé que la ñora en Tasqueña me había timado al preguntarle el camino a Mixquic, lo cual de todos modos era muy reprochable de mi parte. Era vísperas del Día de Muertos.

Los más de cien kilos de chofer me aventó en un pueblo cuyo nombre no podía yo memorizar. ¿Tuyehualco? Nombres como ese, lejos de significarme algo, me hacen alusión a lo poco que conozco de estos rumbos del país. Ya para entonces aparecían las milpas y los espacios verdes entre ríos nauseabundos por su olor y su color. Me bajé cagado de miedo, en espera de lo peor.

Salté a un bus con un papel verde fosforescente en el que habían escrito "Mixquic". Iba lleno, sobretodo de estudiantes. Hablaban de posgrados. Todos a mi alrededor parecían ir tarde. La que iba sentada a un lado intentaba calmar vía celular a la que --supongo-- era su amiga, que pasaba por un desengaño amoroso. "Debes tomar lo que te da la vida y dejar lo que no quieres...".

Tres horas después de haber salido de casa, vi un enjambre de focos que formaban una calavera; y encima, decía Mixquic. Todos se bajaron para seguir a pie, que el tráfico era terrible. Tomé mis cosas y me bajé, mientras pensaba cómo iré a regresar a casa, lo cual también --me pareció-- bastante reprochable de mi parte...